Ají molido y carbón fueron los ingredientes principales. Los demás no los digo por temor a represalias.
Me encantaría hablar de un cuenco, pero la realidad es que se trataba de una ollita moderna de aluminio. Ni siquiera de esas de hierro que le podrían poner un poco mas de mística a la cosa.
Con todo prendido fuego, largando un humo espeso, recorre la casa impregnando las habitaciones.
Casi que se veían los malos espíritus y las malasondas escaparse por la ventana.
Ahora la casa tiene un olor insoportable. Porque se sabe que después de una limpieza hay que baldear los pisos con vinagre.
Eso sería la crónica de una limpieza tradicional, si no fuese por un par de detalles. Ni la limpiadora ni los limpiados creemos en cuestiones supersticiosas, de hecho ella lucha contra eso en su trabajo. A la limpiadora la tengo amenazada con que la voy a denunciar para que le retiren la matrícula por ejercer la brujería o para que le agreguen un para en su diploma.
Aclaro que la mai es una amiga y la limpieza fue sin cargo.





