Todo empezó cuando trate de guardar la cajita en el bolsillo de mi pantalón, porque ese día estaba sin vehículo y entonces tuve que caminar unas cuadras.
Nadie puede llevar el paquete de cigarrillos en la mano durante mas de cientocincuenta metros. No es de buen gusto hacerlo.
Lo máximo que camino cada día es desde mi casa al trabajo. Serán unos cuarenta pasos (ponele cuarentayocho cuando hace frío y voy rápido pero con pasitos cortos).
Bueno, no había forma de que entren. Parecía que iban a quedar los cigarrillos chatitos como si les hubiera pasado una aplanadora por encima.
La primera reacción que tuve fue pensar en dejar de fumar, pero se que la gente cuando abandona el vicio engorda, por lo tanto mi solución era transitoria. El duelo entre el culo y las costuras del pantalón seguiría.
Necesito pantalones nuevos, pensé mientras hacía un cálculo mental de ingresos-egresos y todos los ceros quedaban del lado equivocado.
Hasta que alguien decida abolir de una buena vez la ley de Murphy, cuando te decidas a hacer dieta, te van llevar algo como esto para que le saques una foto y despues hacelo mierda, te dicen.

No hay derecho. Ya decidí que no camino mas.

