En los actos de fin de curso de los jardines de infantes y escuelas primarias debería haber un ejercito de trabajadores sociales que nos quiten la tenencia de nuestros hijos a quienes concurrimos con cámaras fotográficas.
El padre-fotógrafo es un ser despreciable, y en eso me transformé ayer cuando fui a ver la obrita que presagia los tres meses de niños full time en casa.

Lo que hay que saber antes de ir al acto escolar es que si se hace en un lugar cerrado habrá poca luz.
Si tu flash no llega a cubrir diez metros de distancia, las fotos que podés sacar van a ser una porquería.
El flash tarda en cargarse (mientras eso pasa podés bajar las manos que le están tapando la visión al de atras).
Los chicos en el escenario se mueven y las cámaras no son lo suficientemente rápidas (sobre todo usando flash) para captar lo que uno quiere.
Si el pibe está bailando la foto sale movida o sale el escenario vacío.
Si sacas fotos no ves nada. Buscás el encuadre, que se cargue el flash, que esté en foco, que los de adelante no levanten sus cámaras tapándote la toma. Y cuando tu hija te pregunta si la viste cuando dió la vuelta que estuvo ensayando una semana porque no le salía, no sabés que decirle.
No viste nada.
Lo peor de todo es que uno intenta inculcarles ciertos valores, como que respeten a los demás, que sean buenas personas y todas esas boludeces. Pero en el momento no nos importa nada. Queremos a la nena vestida de bruja y que todos los demás se maten.
El acto empezó media hora tarde porque no podían desalojar a los padres que estaban en el lugar destinado a los chicos que actuaban.
No los dejaban pasar.
Me imagino a los borregos:
-El que no hace caso es mi papá.
-La que se esconde de la seño es mi mamá.
En un momento bajó mi hija del escenario y pensé que la obra había terminado (cómo van a seguir sin ella), así que fuí hacia la parte cercana al escenario y vi que había un montón de padres sacando fotos. Confirmé que se había terminado todo y me puse a tratar de capturar alguna imagen decente.
En eso me doy cuenta de que estaba solo entre los chicos y el escenario y que todavía faltaba una parte. Me sentí con veintisiete miras laser apuntándome.
Me escapé como pude y guardé la cámara avergonzado.
Espero acordarme la próxima vez que haya un acto. Por eso escribo esto. Para que si vuelvo a hacer lo mismo alguno de los que está leyendo me haga el favor de arrancarme los ojitos para que no se me ocurra sacar una foto nunca, pero nunca mas.








