Es sabido que en Navidad los chicos reciben regalos de acuerdo a su comportamiento, los Reyes se encargan de dejar en los zapatos del borrego lo que Papanoel le mezquinó y el Día del niño, al igual que el cumpleaños, el tamaño del regalo se desprende de una fórmula que involucra ingresos familiares y culpas por no pasar tiempo con los hijos.
Hasta ahí vamos bien. El problema lo tenemos a la hora de los dientes.
Se sabe que el ratón Pérez es un mercader. A el no le interesa como se portó la criatura ni si la pieza dental en cuestión dejó la boca por propia voluntad o si fue bajada de un trompazo en una pelea escolar comenzada por el cliente. Lo único que le preocupa al roedor es que el material esté en buen estado.
La cosa es que no están reglamentadas las tarifas y sería injusto que frente piezas de igual calidad deje distintas sumas de dinero. Propongo el debate y tiro un número (ya que a la hora de pedir cotización me encontraba con un agujero en la boca de mi hija) .
En mi casa un incisivo se cotizó a diez pesos (incluye carta y dibujo). Escucho propuestas.

